Y que de hecho funciona.
jueves, 18 de diciembre de 2008
Estocástica
Y que de hecho funciona.
domingo, 30 de noviembre de 2008
Silencio
Creo que hoy existe un tipo de silencio suficientemente cruel para impulsarme a terminar escribiendo de algo que en ningún momento estuvo en mi mente sino hasta el momento crucial en que nace aquella típica determinación recurrente de escribir. Aquel ritual pausado, o enviciado, o quizás tan sólo eufórico, de buscar entre las líneas las palabras a las que se las ha de hacer nacer sin completa conciencia del resultado transitorio, final, principal; no importa, es algún tipo de resultado. Y ese resultado es un quiebre, un quiebre del silencio que se teme romper por encontrar en el ruido objetos de nosotros mismo que perdimos alguna vez por obra y gracia de nuestra fingida voluntad.
Llegado a tal punto no existe nada en mí que no desee arrojar mi cuerpo inerte por los vacíos de callejones olvidados con huellas impresas del paso de algo que quizás podría llamar “yo”.
Silencio.
Silencio es aquello que intentamos asir por el cuello, esperando verle de frente al muy hijo de puta, pero se escurre, se hace presente en el caos, en el ruido, en la no-comunicación significante, en el puto gran Otro Lacaniano. Huye con todos ellos, no me esforzaré en alcanzarte. No hoy, ya me dejaste claro que detrás de ti no encontraré más que tu secreto designio.
Silencio.
viernes, 28 de noviembre de 2008
Sueño Con Mi Realidad Constantemente
Sueño con mi realidad constantemente
Veo mi irrealidad hasta el cansancio
Siento que no siento el sentimiento
Creo que no creo lo que es obvio
Miro bajo una mirada incierta,
la cínica imagen de una irrealidad torcida
Siento el sueño, siento el vértigo
Me veo suspendido bajo la nada,
pero no me creo,
siento, pero no me entiendo
me voy para no volver al segundo perdido,
pierdo el tiempo, que a tiempo
me deja tiempo para olvidar ese segundo
Sigo atontado bajo el peso de mi pensamiento
girando bajo el vaivén del reloj,
pensando lo que no pienso,
engañando todos mis sentidos
me arrodillo, pidiendo en desesperación mi libertad
grito ahogado en el eco de mi prisión andante
imagino un espejo frente al otro
una gota transparente proyectada mil veces,
y en el fondo sigo soñando
esa imagen proyectada bajo la
irrealidad de mi mirada
y de un sentido torcido
por el peso de mi prisión
sábado, 22 de noviembre de 2008
Dientes de Vampiro
lunes, 17 de noviembre de 2008
Hacia la "vocecilla" perturbante
No entiendo a la creatividad. Creo haber escuchado alguna vez que cuando uno es pequeño desarrolla casi todo el potencial creativo. Según tengo recuerdos, por distorsionados que pudiesen ser, recuerdo haber hecho bastante uso de la imaginación inventando un sinfín de mundos, historias, hechos a los cuales les otorgaba naturaleza sobrenatural, dotándolos de un sentido dentro de mi vida un tanto privilegiado, llegando incluso de vez en vez a modificar de manera un tanto amplia mi percepción de aquello que, se supone, es la realidad. Pero también recuerdo que dentro de aquellas mismas creencias e ideas reinaba sino siempre, muy frecuentemente un gran dejo de escepticismo respecto de las cosas que hacía, una cierta incapacidad de enfocar mi completa concentración en aquellas cosas que hacía. Siempre resonaba en mí el eco de aquella tercera voz que se negaba a desapegarse de lo “objetivo”, aquella que en tanto logro posicionar mi alma en aquello a lo que le estoy dedicando mi tiempo, cuestiona el hecho, le otorga realidad, le da un nombre, lo etiqueta de falsedad, de pura creencia, de pura irrealidad.
Es esto, señores lectores, ésta maldita voz interna la que me prohíbe muchas veces disfrutar del arte a cabalidad. Es ella la que insiste en depositar mi poca concentración, o bien, dentro de mí, o bien, en objetos fragmentarios cuya unidad no ha de terminar más que en la reconstrucción artificial de la memoria. El problema fundamental de ello es la incapacidad de reestablecer realidad de fragmentos, ha no ser por azar.
Y según logro dar cuenta, estimados yoes, es este mismo evento (o bien algo bastante similar) lo que sucede, no sólo en el arte, sino que en cualquier aspecto del diario vivir que requiera de un mínimo de atención.
Creo, pues es difícil determinar este tipo de cosas con un mero razonamiento, poder esbozar cierta conclusión, o en definitiva, consecuencias de este peculiar evento. Pues según otra sarta de recuerdos vendría a ser este mismo hecho desafortunado el gatillante tanto de mi frustración intelectual como artística. Es decir, en lo que respecta a lo intelectual, ¿qué es sino la atención aquello necesario para la comprensión? Y en tanto no exista comprensión, existirá frustración y, por consiguiente, aquel ya tan recurrente sentimiento de idiotez. En lo que respecta al arte, la música especialmente, es esta sensación de falsedad aquella que me impide una completa conexión con la obra en proceso de creación, cuya “objetividad” no es más que la voz de aquella autoestima tan deplorable. El interior tiñendo el exterior, pero en este caso, no lo exterior cómo aquello objetivamente existente, sino lo exterior como aquello que ha de estar separándose de mi interior previo a su objetividad, en otras palabras, el proceso de creación musical, el movimiento aristotélico en cuanto aquella actividad que actualiza la potencia de la creación objetiva. La tinción, por tanto, correspondería al movimiento, al eterno presente de la creación, cuyo resultado no ha de ser más que pura “objetividad” racional en tanto negación de la subjetividad impulsora del movimiento primero.
No podría afirmar que todo lo que he deducido tiene siquiera cierta validez práctica ni teórica. Puedo afirmar el estatus real de aquella “vocecilla” perturbante, pero en tanto interna no podría darle el crédito de coexistencia separada de mí. Es decir, quizás, la verdadera preocupación habría de estar puesta en ella y no en sus consecuencias, puesto que ella viene a ser la gatillante de todo.
Debiera, como punto primero, darle el crédito de manifestación de algún estado interno cuya puesta en escena es por medio del lenguaje, que siempre viene acompañado de cambios emocionales. Lógicamente existen momentos (como ahora) en los cuales esta “vocecilla” queda acallada por el grado de concentración logrado. Lamentablemente este tipo de momentos no son los más frecuentes, pero ciertamente su escasa frecuencia provocan que cuando de hecho se logran sean venerados por mí con cierta devota gratitud, como si aquello no dependiera de mí en absoluto. La actividad de estos hechos queda así plagada de paradojas. Siempre está latente aquella dicotomía entre “yo como gatillante de los procesos” v/s “azar contextual”. La elección de uno u otro como principios de la acción estaría dado, paradójicamente, por el contexto, cuyo carácter ha de ser, en una visión escéptica, azaroso. Y quizás es por ello que tanto interés me provoca el fenómeno de la sincronicidad, en la cual el azar y el conocimiento van de la mano.
Recuerdo, al estar bajo efectos de cierto bello fruto psicoactivo de nuestra naturaleza, como se disipaba la concepción “objetivista” de mí, como el placer subjetivo se hace presente sin pero, en toda su magnificencia. La manera en que se logra, en cierta forma plena “atención” y “concentración”, tanto debido a la exaltación de las percepciones como a la pérdida de la objetividad. Aquellos momentos en que la “vocecilla” o se ve acallada por la “atención” y “concentración” o por, bueno, algún otro tipo de explicación que preferiría omitir. Lo cual no significa que estos resultados sean analogables al estado normal de las cosas, no sea iluso estimado lector.
En fin, creo que, en algún otro momento de clarividencia, le dedicaré tiempo especialmente a aquel omúnculo detrás de aquella detestada “vocecilla”.
lunes, 29 de septiembre de 2008
¿Qué harías si yo fuera tú y tú fueras yo?
¿Qué harías si yo fuera tú y tú fueras yo? Me se sentiría incómodo con un te y se no podría mas que juntarse con nos, mas él sabe con plena certeza que ella ya no es para ellos. ¿Acaso no sería más fácil al revés?
Si yo fuera tú no podría más que amar mi reflejo, aún cuando fuera mi reflejo quien me amara a mí.
¿Y quién sino nosotros para entender-te? ¿Y quién sino ustedes para abstraer-me? Yo no quiso comprender que ni nos dejaste ni nos liberaste, que ni los quemaste, ni los fumaste. Más tú siempre me dijiste en voz silente que te amas y yo me amo.
viernes, 25 de julio de 2008
21: 21 6 de mayo del 2008
Suspensión. Se está en cierto aspecto, nunca en todo sentido. Lo real y lo irreal, fenomenología. ¿Acaso puede ser? Sentido, derivación de el sentir. Se tiene sentido cuando se siente. Solo en lo correcto.
Inmersión. Dentro y afuera. Aspectos relativos. Ni negación ni inclusión → Convivencia.
No se si se agote el pensar, quizás tenga fecha de vencimiento. Hoy. Sólo un deseo, una ilusión, una pequeña idea entre miles. Pasos → dirección → sentido → vuelta → razón (caos)
Se estudia y se aprende. Cierto orden en la relación aunque no se sienta la pertenencia.
↓
Inexistente, tan solo un sentir → Convivencia. (Doble conclusión)
En cierta forma podría llamarle “corriente de la conciencia interrumpida. Simple esquema conceptual con cierto hilo conductor. Podría encontrarle infinitud de verdades sin recordar la primera, gatillante de todo concepto. Incluso, se puede hablar de una pequeña meditación individual meramente conciente de su relación.
Creo que escribo por escribir, por garabatear cierta ilusoria intelección de aquello que pudo haber cruzado por mi cabeza. Estoy bastante agotado y ni siquiera era conciente de ello. Siento el dejo y el fluir, aunque de manera realmente diversas. Múltiples alteraciones de la percepción y todo se reordena de manera totalmente distinta y extraña. Creo que es el sentido común aquello que une. Sentido común… la verdad no entiendo muy bien lo que implica. ¿Cierta costumbre implícita a priori en nosotros?
Basta de teorizar. Creo que es inútil todo esto.
Dejó el lapiz.
